Introducción
¿En dónde está el atractivo que ha encantado a los muchísimos lectores de El Código Da Vinci ? No se puede negar el éxito editorial de esta novela y, como el mismo autor, Dan Brown, lo señala, quizás, entre otras razones ha sido el tema de lo sagrado y la religión lo que explique en gran parte su amplia difusión. Es una historia policíaca de lectura fácil, entretenida, con una buena cuota de suspenso. La novela atrae, pues promete revelar misterios que afectan a las creencias más hondas, de corte religioso, que el común de la gente comparte pacíficamente. Si a esto se suma una trama bien contada y suficientemente promocionada como ha sido el caso de este best seller , el éxito está asegurado.He acabado leyendo la novela de Dan Brown a pesar mío, pues algunos amigos y alumnos me preguntaban sobre ella. No es el género de narrativa que prefiero, pero lo reiterativo de las preguntas me animó a leerla. El primer tercio me pareció un argumento bien armado, los dos restantes tercios pierden en credibilidad y viveza. El Código Da Vinci es una novela de ficción, construida sobre lo que su autor llama hechos enunciados en la primera página de la novela, presumiblemente para darle credibilidad a su relato.Un lector atento, al hilo de la narración novelada, se habrá podido dar cuenta que la historia real de los personajes e instituciones involucrados en el libro, es muy otra, lo que no desmerece la prodigiosa imaginación literaria del autor. Se pueden hacer grandes novelas y buenas ficciones a partir de unos hechos interesantes, pero desfigurar los hechos, atribuir calumniosamente conductas reprobables a personas e instituciones escapa ya a ese pacto de buena fe que todo escritor tiene con sus lectores. El Código Da Vinci no es una ficción verdadera como diría Tomás Eloy Martínez, y no lo es porque falta el presupuesto elemental: los hechos reales.
Coincido con Harold Bloom respecto a lo que podemos esperar de una buena lectura: esplendor estético, fuerza intelectual y sabiduría. Las presiones sociales y las modas periodísticas pueden llegar a oscurecer estos criterios durante un tiempo, pero las obras con fecha de caducidad no perduran. La mente siempre retorna a su necesidad de belleza, verdad, discernimiento. Sobra imaginación en la novela, pero falta densidad de vida a sus personajes, quienes se mueven entre los escombros de la realidad diseñados por su autor.
La trama se articula alrededor de una gran revelación que el mundo va a recibir y que cambiaría toda la historia de la Iglesia Católica , así como el papel de esta última, presentada en la novela como la gran impostora desde sus inicios evangélicos. La verdadera historia de Jesucristo no sería la que conocemos, sino otra. Jesucristo se habría casado con María Magdalena, con quien habría tenido hijos, cuyo linaje existiría hasta hoy. Precisamente, Sophie, una de las protagonistas de la novela, sería descendiente directa de aquella relación inicial entre Jesús y la Magdalena. Jesús sólo habría sido un gran hombre, un profeta, pero no el Hijo de Dios. Fue la Iglesia, cuenta Dan Brown, la que introdujo la idea de que Jesús era, además, Dios y así lo declararía en el Concilio de Nicea (325), a instancias del Emperador Constantino.
María Magdalena habría ocupado el lugar más privilegiado entre los discípulos de Jesús, pero la Iglesia se encargó de minimizar su posición, volviéndose una religión de hombres que relegó a la mujer a un papel secundario y subalterno respecto del hombre. Mujer y sexualidad humana estarían desde entonces reprimidas por la Iglesia. De esta manera, además, la Iglesia se hizo necesaria frente a los fieles, asumiendo el papel de intermediaria ineludible entre Dios y los hombres.
Pero esta verdad no se habría perdido. Un grupo de iniciados, los supuestos depositarios del secreto, son los miembros del Priorato de Sión que han guardado celosamente esta explosiva verdad, pero que ahora estarían dispuestos a revelarla al mundo. Verdad, por cierto, que pone en jaque a la Jerarquía de la Iglesia Católica , a quien incomoda muchísimo. Para evitar que se difunda la verdad sobre el Grial, en una suerte de chantaje tramado por el Vaticano, involucran al Opus Dei a quien se le pide que haga un servicio a la Iglesia: silenciar a cualquier precio a los líderes principales del Priorato, únicos conocedores del secreto.
El secreto de lo que sería la verdadera historia de Jesús y de María Magdalena forma parte de un cóctel narrativo compuesto por un telón de fondo religioso, salpicado de medias verdades históricas, rumores y calumnias. Se dan cita en la novela un buen número de leyendas y datos sin confirmar, en una exposición banalizada cuyas fuentes son algunos escritos gnósticos, evangelios apócrifos también de inspiración gnóstica- , religiones mistéricas, leyendas negras de la Iglesia, etc. Se trata en realidad de un mosaico de historias picantes capaces de provocar polémica, aderezadas con la ficción propia del género novelado.
Así por ejemplo, en los diversos tiempos en los que se mueve la novela, comparecen ante los ojos del lector la leyenda del Santo Grial, algunos textos de evangelios apócrifos, la orden militar de los Caballeros del Temple, Leonardo Da Vinci, la Iglesia Católica y algunas de sus instituciones como el Opus Dei. De todos ellos se dicen, en el mejor de los casos medias verdades; las más de las veces, se miente. El resultado, claro está, es una narración inquietante y vendedora, pero al precio de desfigurar la verdad histórica, mancillando memorias y honras de unos y otros, por decir lo menos.
Mientras leía la novela me asaltaron una serie de inquietudes que me llevaron a confrontar la narración con la historia a la que hace referencia y, junto con mis asistentes, nos pusimos a investigar, buscando aclarar nuestra propia perplejidad, discerniendo la ficción de la realidad. El resultado de esta indagación se presenta en los capítulos que componen este libro y lo único que hemos pretendido es volver a la sencillez de los hechos, quitando de ellos la capa pegajosa de sospecha e iniquidad que el relato arroja gratuitamente sobre personas e instituciones.
Empezamos el primer capítulo con Leonardo, cuyos trabajos pictóricos son utilizados en la novela como fuentes portadoras de lo que sería el verdadero sentido del mito del Grial. Mirar una vez más sus pinturas con sentido común y cierto conocimiento de Historia Sagrada, nos ayudará a realzar el genio artístico del maestro Leonardo para quien la sabiduría es hija de la experiencia. El único código que hace falta para descifrar el sentido de La Última Cena y La Virgen de las Rocas es el Nuevo Testamento: ahí está el mensaje que Dan Brown no ha querido ver.
En el siguiente capítulo pasamos a examinar la persona de Jesucristo, probablemente, la más desfigurada en la novela. La intriga que envuelve la trama de El Código da Vinci sofoca todo atisbo de sentido sobrenatural. Jesucristo es despojado de su divinidad y el cristianismo es reducido a un juego de engaños y poder. En este asunto, Dan Brown utiliza citas de algunos evangelios apócrifos a quienes atribuye gratuitamente la autoridad que niega a la crítica histórica que ha documentado exhaustivamente los textos del Nuevo Testamento. Conviene, por eso, recuperar el sentido sacro de la vida, acudiendo al lugar en donde se halla la Vida, Pasión y Muerte de Jesucristo: las Sagradas Escrituras, que en la novela de Dan Brown son preteridas injustamente.
Pasamos luego a examinar qué hay detrás del llamado Santo Grial. Nos encontraremos que ha dado lugar a muchas leyendas y narraciones fantásticas, como la de los Caballeros de la Mesa Redonda , que ha alimentando la imaginación de novelistas y cineastas, porque su riqueza argumental es atractiva. Y junto a esta ficción literaria están también las tradiciones piadosas que señalan la existencia actual del Santo Cáliz en el que el Jesucristo celebró la Última Cena , y que se habría conservado a través de todos estos siglos como es el caso del Cáliz de Valencia. Dan Brown agrega una interpretación más sobre la naturaleza de esta leyenda. Su relato se suma a la literatura de ficción, aunque con una irreverencia innecesaria.
Dedicamos seguidamente un capítulo a los Caballeros Templarios, los cuales en la novela de Dan Brown aparecen como una Orden religiosa fundada para custodiar el Grial y no para la custodia de los peregrinos. Riquezas, tesoros, misterios escondidos en sus templos, serían las notas que los distinguirían. Entre ellos y el Priorato de Sión habría identidad de misión. La historia, afortunadamente, aporta los datos suficientes para volver a entenderlos como lo que fueron, unos fieles que, además de prestar los tres votos clásicos de todo religioso (pobreza, obediencia y castidad), agregaban un cuarto voto: proteger a los peregrinos que iban a Tierra Santa. Inicio glorioso el de estos monjes guerreros, final más bien doloroso: unas acusaciones inicuas sobre sus miembros que termina con la supresión de la Orden el 22 de marzo de 1312.
En l os restantes capítulos finales intentamos hacer que las aguas vuelvan a correr por su cauce natural. Resaltamos el sentido positivo de la corporalidad y sexualidad humana en el cristianismo, tan bien representada en las pinturas de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina , que a decir de su santidad Juan Pablo II, es el santuario de la teología del cuerpo. Asimismo, ante tanta fantasía, misterio y sospecha desplegada en la novela, volvemos a reflexionar sobre la grandeza de la vida ordinaria en el camino de santidad de los fieles cristianos, tal como lo ha recordado el Concilio Vaticano II y lo predicó desde 1928 San Josemaría Escrivá, fundador de la Prelatura del Opus Dei. Termina el libro con una reflexión final alrededor de la nostalgia de Dios que se entrevé en la sociedad actual y que confirma aquella intuición de San Agustín: estamos hechos para Dios y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Dios.
El texto que ofrecemos es una invitación a seguir leyendo sobre tan sugestivos temas. Esperamos que quienes se sientan interesados en una mayor profundidad de los tópicos tratados, encuentren en estas páginas un sano estímulo a esa natural búsqueda de la verdad. Somos conscientes de habernos quedado en el umbral de los hechos. Invitamos al lector a cruzar ese umbral para encontrarse con la trama rica y compleja de la historia.






