Leonardo da Vinci
- La religiosidad de Leonardo
- Hombre de Vitrubio: amor a la proporción y las matemáticas
- La belleza natural de la Virgen de las Rocas
- La Última Cena: “uno de vosotros me entregará”
- Una hermosa Señora: Madonna Lisa
- Muerte de un cristiano
LEONARDO: LA SABIDURÍA ES HIJA DE LA EXPERIENCIA
Cuando escuchamos hablar de Leonardo Da Vinci, inmediatamente se nos vienen a la cabeza obras como La Última Cena o La Mona Lisa , que materializan los dotes artísticos de un genio de la pintura que vivió durante el siglo XV en un periodo histórico-cultural que se conoce como Renacimiento. Pero Leonardo no fue simplemente un pintor con talento, sino todo un genio de la ciencia, pues sus aportes a la humanidad abarcan campos que van desde la Ingeniería hasta la Medicina, pasando por la Astronomía. Para ser justos con la memoria de este artista florentino se puede decir que Leonardo, entre otras cosas, pintó.
La fama de Leonardo vuelve a realzarse en estos tiempos porque es el pretexto formal sobre el que se articula El Código Da Vinci . La muy merecida fama del genio de Leonardo ha tomado notoriedad con esta última novela haciendo que legos, expertos y entusiastas especulen respecto a sus pinturas, preferencias religiosas, e incluso su propia identidad sexual. Dan Brown rodea la vida y trabajo de Leonardo de misterio y sospecha y lo obvio ya no es tal, pues resultaría que en La Última Cena no estarían los doce apóstoles sino sólo once y María Magdalena. En la Mona Lisa se manifestaría el carácter homosexual del artista; en La Virgen de las Rocas se reflejarían los desacuerdos de Leonardo con la Iglesia Católica. Vale la pena detenernos en éstos y otros aspectos de la vida y obra de Leonardo.
Leonardo nació en Vinci, pequeña localidad situada a pocas leguas de Florencia; de allí toma el apelativo Da Vinci. Según su partida de nacimiento vio la luz del mundo el 15 de abril de 1452 un sábado a las tres de la madrugada. Su madre fue una campesina de nombre Catalina, y su padre un burgués llamado Ser Piero. En un primer momento, Leonardo sólo se crió con los esfuerzos de su madre, quien labraba la tierra, pues su padre no se hizo cargo de ellos por no manchar su clase social.
De esta manera, el futuro maestro del arte universal se criaría únicamente con su madre. Pero esto ocurrió sólo hasta cuando Leonardo tuvo cuatro años. Para ese entonces su padre, que ya se había casado con una dama de su clase social, no había podido tener descendencia; entonces decidió que su hijo viviera con él. Desde esa oportunidad, Leonardo abandonó el cariño de su madre para irse a vivir como un noble de Florencia, aunque bajo la condición de hijo ilegítimo. Catalina aceptó la propuesta de su padre con mucho dolor, no obstante sabía que ello significaba una mejor vida para el pequeño Leonardo.
A la edad de 14 años entró en el taller de Andrea Verrocchio. Su padre, que para entonces era un respetable notario de Florencia, había enseñado algunos de los trabajos de su hijo a este renombrado artista de la época, razón por la cual Leonardo fue rápidamente aceptado en el taller. No pasaría mucho tiempo para que Leonardo destacara entre los demás aprendices de Verrocchio, incluso se afirma que rápidamente superó al maestro. Es más, a partir de que Leonardo empezó a presentar sus primeros trabajos al destacado maestro, éste último se dio cuenta de que su verdadera especialidad era la escultura, pues consideraba que en eso nadie le superaba. Para la pintura Leonardo era excepcional.
Leonardo, recibiendo la influencia de su maestro, también se preocupó por fabricar toda clase de artefactos adelantándose a la posterior era industrial. Inclusive, Leonardo alcanzó los conocimientos suficientes para diseñar armas de guerra y puentes, siendo considerado un respetado ingeniero militar. Hizo, además, trabajos en barro y fundido de metales para la elaboración de esculturas.
Respecto a Verrocchio, Richard Friedenthal sostiene que era un hombre apasionado por las matemáticas, por la perspectiva, esa magia y alquimia de las líneas recién descubiertas, que comenzaba a ponerse de moda en Florencia y que a los artistas les parecía un medio exacto. Leonardo Da Vinci cultivó el espíritu de las matemáticas en sus cuadros, al igual que su maestro. Las proporciones de los cuerpos que representa son fruto de horas de estudio de las formas humanas; para él nada estaba de más ni sobraba en sus cuadros.
Pero, paradójicamente, el gran maestro no fue un apasionado de los libros y de los estudios. Aunque le preocupaban las cuestiones científicas y numéricas no cumplía las características de un hombre culto. Leonardo era el hijo de Ser Piero, por lo cual pertenecía al estrato social del que salía la flor y nata intelectual de Florencia, pero careció de la educación esencial, dado que desde temprana edad se dedicó al arte, desentendiéndose de las exigencias de su alcurnia familiar.
Antonina Vallentin sostiene que Leonardo sintió la falta de educación elemental pues su sed de conocimientos, no sólo por la pintura, así se lo exigía. Para suplir la deficiencia escolar se preocupó por adquirir libros de texto sobre matemáticas, y en sus dificultades buscó la ayuda de los matemáticos que conocía. Durante muchos años, hasta cuando le llegó el tiempo de advertir a sus lectores que sus obras eran inteligibles sólo para matemáticos, acudió a los amigos para que le ayudasen a resolver los problemas de matemáticas. Su afán por comprender esta ciencia residía en la posterior aplicación práctica de sus creaciones pictóricas, escultóricas y arquitectónicas.
Como se ha mencionado antes, Leonardo Da Vinci vive en el humus renacentista, pero Leonardo no fue un cultor ni lector de los temas clásicos. Es más, su escaso conocimiento del Griego y Latín le cerraba la entrada en una sociedad florentina que empleaba con frecuencia el Latín en su conversación corriente y consideraba destacarse mediante las citas clásicas.Pero decir que Leonardo Da Vinci no era un hombre letrado para la época, no quiere decir que era inculto. Hemos dicho que fue un genio en el campo de la ciencia, pero es considerado así por sus descubrimientos hechos a base del estudio experimental de la realidad. Su fuente primordial de conocimiento no fueron los libros ni un centro académico. Se dedicó a aprender directamente de la naturaleza. Esto último sorprende a quienes se dedican a la investigación de su biografía. Ernst Gombrich considera que era un genio cuya poderosa inteligencia será siempre objeto de admiración y maravilla para los mortales corrientes.
En Leonardo no había más misterio que el preocuparse por el estudio metódico de la naturaleza; y es así porque, según la moda de su tiempo, se vivía la divisa Obstinate Rigore , y es que la perfección llama a exigencia obstinada. Y tanto buscaba la plenitud en sus trabajos que cuando sentía que en uno de ellos no podía alcanzar la perfección deseada, lo dejaba sin terminar. Esto unido a un espíritu totalmente innovador, pues jamás, diría él, imitaría a otros.
1. LA RELIGIOSIDAD DE LEONARDO
Dentro de las preocupaciones de Leonardo la religión no ocupó un lugar primordial. Tampoco participaba de ritos de veneración de ninguna divinidad. Fue un intelectual a su manera: estudiaba mediante la propia experiencia todo tipo de fenómenos y de allí sacaba conclusiones que han sido de mucha utilidad para épocas posteriores.
No se conoce que Leonardo haya tenido vinculación con antiguas religiones paganas o cultos orientales que hagan referencia a la divinidad femenina, como lo afirma Dan Brown en su novela. Lo que sí se encuentra documentado es que tuvo un especial respeto a la maravilla de las cosas creadas en la naturaleza. Y tanto fue ese amor naturalista que prefirió él mismo descubrir, mediante experiencia propia, los secretos del mundo en que vivimos y no tomó los aportes de eruditos anteriores a él, como los griegos o romanos.
En cierta ocasión, el mismo Leonardo afirmaría, en su obra Tratado de la pintura lo siguiente: Dirán que, careciendo yo de letras, no podré expresar bien lo que quiero. Ignoran ellos que mis obras provienen de la experiencia y no de palabras de otros, y que siempre la experiencia ha sido escuela de los que bien escribieron; por eso yo la tomo como maestra y a eso me atengo. (…) la experiencia, que es maestra de maestros.
Su admiración por el mundo natural es una constante en toda su vida; justamente esta actitud ha llevado a que se crea que Leonardo fue un hereje y que se desentendió de las ideas cristianas que, presumiblemente, no iban con su marcado naturalismo artístico. Si bien es cierto que Leonardo no fue un cristiano devoto, eso no significa que se hubiera adherido a religiones que den culto deífico a la naturaleza. Marcel Brion , un destacado biógrafo del artista, dice que tratar de vincular a Da Vinci con sectas misteriosas u orientales es sólo una hipótesis sin fundamento.
El destacado Florentino miró la naturaleza como fuente de inspiración artística, pues consideraba que las mayores perfecciones de este mundo se encontraban allí. No confiaba más que lo que examinaba con sus propios ojos. Ante cualquier problema con el que se enfrentase, no consultaba a los eruditos en el tema, sino que prefería resolverlo mediante un experimento propio.
Dentro de sus investigaciones personales se pueden encontrar todos los ámbitos del conocimiento. Para Gombrich, no existía nada en la naturaleza que no despertara su curiosidad. Exploró los secretos del cuerpo humano realizando disección a cadáveres. Además, fue uno de los primeros en sondear los misterios del desarrollo del niño en el seno materno.
De estas investigaciones proceden sus aportes posteriores a la medicina. A Leonardo le interesaron no sólo los músculos y los huesos, sino todos los órganos y su funcionamiento. A él se debe, por ejemplo, el significado de la palabra tejido en sentido biológico (agrupación de células para realizar una misma función).
También comprendió el mecanismo de respiración. Investigó el funcionamiento del corazón al que definió como un músculo de gran fuerza y el más potente entre los demás músculos. Además, investigó las leyes del oleaje y de las corrientes marinas; pasó años observando y analizando el vuelo de los insectos y de los pájaros. Esto último le llevó a idear una máquina voladora, que no llegó a ver cursar los aires.
Mucho antes que Newton, estudió la descomposición de la luz en los siete colores del arco iris. El experimento lo realizó haciendo pasar un rayo de luz a través de un vaso. Sorprendentemente para su tiempo, sostuvo, al igual que Colón, que la tierra era redonda. Demostró que nuestro planeta es un cuerpo celeste esférico al darse cuenta de la curvatura del horizonte cuando se está cerca al mar. Leonardo no deja de sorprendernos, pues se adelantó a Copérnico al decir que la Tierra no es el centro del mundo, sino que se va trasladando.
Sus descubrimientos hasta ahora mencionados son sólo una pequeña muestra del resultado de sus investigaciones directamente de la realidad. Cabe decir que Leonardo no difundió públicamente sus estudios, tampoco eran de fácil acceso. Todas sus anotaciones y resultados de sus investigaciones los escribía al revés; para poder acceder a sus datos era necesario tener un espejo.
El misterio de Leonardo se aclara cuando se comprende su pasión por la realidad. La naturaleza era su musa inspiradora, más no una divinidad a la cual tendría que rendirle culto. Su amor al cosmos y sus integrantes no responde, pues, a una adhesión a sectas misteriosas: es muestra de un gran espíritu científico que no hizo otra cosa que experimentar con la riqueza vital de este mundo.
2. El HOMBRE DE VITRUBIO: AMOR A LA PROPORCIÓN Y LAS MATEMÁTICAS
En la época del Renacimiento fueron los pintores italianos, y no los matemáticos, quienes impulsaron el estudio de las leyes de las proporciones. Fueron también ellos, y no los atomistas, quienes iniciaron las investigaciones experimentales sobre la estructura del cuerpo humano.
Leonardo se enmarca dentro de este espíritu renacentista por su sed ilimitada de conocimientos. Se interesó por comprender las matemáticas, estudiar el movimiento y la estructura del cuerpo humano. Sus investigaciones abarcan comentarios y dibujos; entre estos últimos se encuentra el famoso Hombre de Vitrubio, un humano con los brazos y piernas extendidas encerrado por un círculo y un cuadrado.
El genio florentino, en su Tratado de la Pintura , dice respecto a este dibujo: Después vendrá la representación del cuerpo dividido en miembros como si fueran provincias; diré qué atribuciones corresponden a cada uno de ellos y poniéndote ante los ojos las indicaciones de toda la figura y de todas las facultades del hombre, así como el movimiento local que enlaza unas partes con otra. Como vemos, El Hombre de Vitrubio es el estudio de la anatomía y movimiento del cuerpo humano, no un símbolo de religión pagana.
Richard Friedenthal sostiene que el dibujo del Hombre de Vitrubio es una reproducción de las proporciones del cuerpo humano como muestra de su afán investigador. Leonardo descubrió las proporciones del cuerpo humano e intentó establecer unas reglas usando el compás y la escuadra (instrumentos usados en el dibujo mencionado).
El mismo artista afirmaría que no hay estudio del hombre, que pueda llamarse ciencia, si no se basa en la demostración y argumentación matemática. Cabe resaltar que para Leonardo la matemática no fue una ciencia absoluta, sino un hilo conductor para comprender la naturaleza. Como se puede deducir, el cuerpo humano no estaba fuera de esta curiosidad intelectual.
3. LA BELLEZA NATURAL DE LA VIRGEN DE LAS ROCAS
Después de que en 1578 recibiera sus primeros encargos como artista independiente, tuvo la propuesta de ser embajador de Florencia en Milán llevando un regalo a Ludovico Sforza, quien gobernaba aquella ciudad. Para entonces Florencia era Gobernada por Lorenzo de Médicis.
En Milán consigue ser contratado por Sforza para realizar trabajos de ingeniería militar; así también labores artísticas como dibujo, pintura y escultura. En esta ciudad, donde estuvo por veinte años, Leonardo pinta la mayoría de sus obras que le darían fama mundial, entre ellas La Virgen de las Rocas.
Leonardo entra en contacto con la familia de los Predis, destacados artesanos y artistas. Por medio de ellos consiguió un contrato para pintar un cuadro para la Hermandad de la Inmaculada Concepción , como parte de un retablo. El prior de la hermandad, junto con ocho miembros, dio todas las especificaciones del cuadro y le dijo al artista florentino qué debería pintar. Al momento de la realización, Leonardo no cumplió exactamente los requerimientos establecidos.
Leonardo quería representar a la Virgen en un contexto natural. Recorrió el país alejándose de la ciudad en busca del escenario perfecto, pero no lo encontró en los paisajes de Milán. Lo que hizo fue una reproducción, con variantes que no respondían exactamente al encargo inicial de la hermandad, de una obra que había pintado en Florencia y que figura en los catálogos con el nombre de La Virgen de las Rocas . Si ahora existen dos versiones de este cuadro es porque Leonardo realizó en Milán una copia de la pintura original de Florencia.
La versión florentina se encuentra actualmente en el museo Louvre de París, mientras que el cuadro de Milán está en la National Gallery de Londres. Aunque ambas versiones son conocidas bajo igual nombre, no son exactamente idénticas, pues presentan variaciones de composición y de intensidad de color.
El Código Da Vinci sostiene que el hecho de que existan dos versiones de la misma obra es todo un misterio. Según Dan Brown, Leonardo, en esta pintura, presenta unos mensajes ocultos anticristianos. La novela no específica exactamente donde está el misterio; lo que sí hace es decir que san Juan Bautista, por alguna extraña razón, es quien está bendiciendo a Jesús. También asegura que la Virgen tiene su mano en forma de garra sosteniendo una cabeza imaginaria por encima del supuesto Juan, y que quien está a su lado es Cristo. Para que los lectores se sorprendan aun más, Dan Brown dice que el Ángel Uriel se encuentra en un gesto amenazador señalando con su dedo índice y rebanando la cabeza imaginaria que sostiene María.
Ante una interpretación de esta naturaleza, es muy probable que La Mona Lisa sonriera con su enigmático gesto. No hay misterio para quien esté familiarizado con la Historia de Jesucristo y con la iconografía cristiana. Con un poco de observación y buena fe se observará que entre los niños hay una cierta diferencia de edad: San Juan Bautista es mayor que Jesús en seis meses. Edad que a Leonardo no se le ha escapado. De otro lado, la iconografía cristiana representa a San Juan Bautista cubierto con una piel y portando un cayado: así se ve a San Juan niño en la versión que se encuentra en Londres. Luego, quien está al lado de María no es Jesús, sino San Juan Bautista; por tanto es Jesús quien da la bendición a su primo Juan. Esta realidad de composición aparece en las dos versiones de La Virgen de las Rocas y se encuentra en cualquier libro serio de historia del arte.
Lo cierto es que La Virgen de las Rocas representa a la Virgen María con el Niño, San Juan y el Ángel en un escenario completamente natural y paradisíaco. Es un cuadro donde están ausentes todos los recuerdos de males y se instaura la paz y el sosiego. El paisaje y las figuras están bañados de luz y sombra, algo que Leonardo manejaba a la perfección. En la Virgen de las Rocas no hay ningún utensilio o mueble fabricado por el hombre con la sola excepción de los vestidos. La unión con el paisaje es total.
Respecto a los brazos extendidos de la Virgen, Antonina Vallentin dice que son unos brazos protectores sobre unos niños que aun no les ha alcanzado el sufrimiento del mundo. Esta pintura presenta el amor a la naturaleza de Leonardo, pues el cuadro es una adoración tan bella y apasionada que no da lugar a pensar en el Valle de Lágrimas. La mano extendida de María (que según El Código Da Vinci sostiene una cabeza imaginaria) se encuentra encima de la cabeza del Niño en señal de protección materna.
El dedo índice extendido de Uriel no es ninguna novedad ni misterio en la pintura de Leonardo. En La última Cena , en el Retrato de San Juan Bautista , y en muchas otras obras también lo emplea: el dedo es un indicador escénico. Leonardo lo suprimió en la versión de Milán de La Virgen de las Rocas para que el cuadro no presentase excesiva literalidad.
La Virgen de las Rocas es fruto de cuatro años de dedicación del pintor que a través de la tranquilidad y belleza originaria de la naturaleza expresa el misterio de la Inmaculada Concepción de María. Esto es lo que se conoce de modo documentado.
4. LA ÚLTIMA CENA : UNO DE VOSOTROS ME ENTREGARÁ
Leonardo Da Vinci, en 1495, recibe un encargo de los frailes del convento de Santa Maria delle Grazie de Milán, que consiste en pintar un mural donde se escenifique la Última Cena de Jesucristo. Esta obra, que demoró diez años en realizarla, es considerada una de las mayores genialidades de toda la historia del arte y admirada desde su creación hasta nuestros días.
Dan Brown fabula a su antojo sobre esta pintura. Según el novelista, esta obra sería el grito manifiesto de Leonardo, con el cual comunica al mundo que Jesús estuvo casado con María Magdalena (quien estaría a su lado), y que fruto de esa unión nació una hija. Esto se une a la idea de que la leyenda del Santo Grial sería cierta, pero que, en lugar de tratarse del Cáliz de la Última Cena , se trataría de una alegoría que haría referencia al vientre de María Magdalena.
El autor de la novela también afirma que Pedro se presenta con un gesto de ira hacia la supuesta María Magdalena , quien iba a ser la encargada de llevar adelante la iglesia del profeta Cristo. También se argumenta que la pintura es misteriosa, pues curiosamente no se encuentra presente el Cáliz que Cristo utiliza para instaurar el sacramento de la Eucaristía. Un omisión intencional, sostiene la novela de Dan Brown, para mostrar un mensaje oculto anticristiano.
La realidad es más sencilla. Cualquier conocedor de la iconografía cristiana sabe que la Última Cena , en la que Jesús instituye el sacramento de la Eucaristía, tiene varios momentos que dan lugar a otras tantas variantes en su iconografía. Esos momentos son tres: a) el lavatorio de los pies; b) anuncio de la traición de Judas y c) la institución de la Eucaristía. ¿Fue un error de Leonardo no pintar el Cáliz que Cristo utilizó? Desde luego que no. Para empezar, el maestro florentino no está representando la institución de la Eucaristía, sino el momento de la traición de Judas, razón por la cual no es un elemento fundamental la copa depositaria del vino de la Última Cena. Leonardo , un apasionado del movimiento, elige la situación en que los apóstoles responden con distintos gestos ante las palabras: En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará ( Jn . 13, 21). Estamos, pues, ante una representación iconográfica de la Última Cena que toma el momento del anuncio de la traición de Judas.
¿Existe en el cuadro de Leonardo alguna mujer? Realmente no. Lo que ha pasado es que El Código Da Vinci ve en San Juan, el apóstol adolescente, a una mujer. En los cuadros de la época, a san Juan siempre se le pinta con rasgos afeminados porque es un adolescente de 15 o 16 años, de cabellera larga y, por supuesto, imberbe. Se le nota distinto al lado de todos los discípulos mayores, pero todos los historiadores del arte, así como cualquier cristiano con una formación media religiosa, saben que se trata de Juan el evangelista.
La posición de Pedro sobre san Juan no es ningún gesto de ira, sino de consulta. Leonardo ha representado el momento en que todos los apóstoles se encuentran sorprendidos por la denuncia que Cristo sobre su traición. Todas las reacciones son distintas. En ese momento Pedro se acerca al adolescente Juan, por su cercanía con Jesús, para que le preguntase al Mesías quién de los presentes era el traidor. Este momento se encuentra documentado en el Nuevo Testamento (Juan, 13, 23-24)
Además, Leonardo dejó dicho que lo joven siempre debe ser pintado al lado de lo anciano (Juan está al lado de Pedro) y lo bueno y bonito al lado de lo malvado y feo. Justamente, el joven Juan se encuentra también al lado del malvado Judas Iscariote, el traidor.
En La Última Cena todos los apóstoles, y Cristo mismo, se encuentran vestidos del mismo color: rojo y azul. Todos los apóstoles de la escena son pintados a la misma altura formando cuatro grupos de tres integrantes. Jesús, que se encuentra al centro iluminado por los rayos solares que entran por una ventana directamente hacia él, se muestra cálido, mientras que los gestos de los demás presentes reflejan los más variados sentimientos: indignación, sorpresa, enojo, dolor, temor. Todo ello ocasionado por el deseo de saber quién era el traidor de ese grupo de cristianos.
Jesús se encuentra formando una pirámide, y simétricamente, a su derecha, se observa otra pirámide donde se sitúa el delator Judas. Éste último tiene la mano izquierda levantada hacia el plato que tiene en frente, en la misma posición que la mano diestra de Jesús. Se puede hablar de una pirámide antagónica: el Señor con la mano derecha representa lo bondadoso, mientras que la zurda de Judas simboliza la traición y la maldad. Si miramos bien, entre las dos pirámides de personajes se forma una V , que no es otra cosa que el resultado de la técnica compositora de Leonardo.
En la Edad Media se tenía muy claro que la mano siniestra era un símbolo negativo y malvado. Los verdugos de entonces eran obligados a beber con la mano izquierda, para que cualquiera que los encontrara en las cantinas o lugares públicos no se sentaran a tomar con ellos. Justamente Judas es el de la mano izquierda y es el verdugo de Jesús.
El trabajo de composición y de manejo de los colores de la obra es algo que maravilló a los artistas de toda Italia. A partir de entones Leonardo fue considerado el mejor maestro de todo el país. Acudían artistas desde muy lejos al refectorio (que no es otra cosa que el comedor) del Convento de Santa María de la Gracia, miraban la pintura con detenimiento, la copiaban y discutían.
En su realización, Leonardo trató de hacer una descripción de caracteres desde el punto de vista psicológico de todos los integrantes del cuadro. Cada apóstol expresa un sentimiento distinto. Para conseguirlo, salió a las calles a buscar sus prototipos de personajes a fin de tener una idea clara de lo que tendría que pintar. Como vemos, Leonardo sigue mirando la realidad.
El personaje que más trabajo le demandó fue Cristo, quien no se encuentra terminado en la pintura. Leonardo sostuvo que la cabeza de Cristo no la podría copiar de ninguna otra en la tierra, y que sólo la imaginación era capaz de concebir tanta belleza y gracia celeste de la divinidad encarnada. Si Leonardo pensaba en sus limitaciones para pintar la divinidad de Cristo, obviamente, lo consideraba como un ser divino y no solamente un profeta mortal.
Cuando Leonardo terminó La Última Cena , los frailes del convento quedaron maravillados. El mural, que se encuentra en el comedor, daba la impresión de ser una mesa más que integraba la habitación: se extendía a través del cuadro y era de parecidas características a las que usaban los religiosos. Tal era la vivacidad del mural en el refectorio que parecía albergar, también, trece nuevos comensales.
5. UNA HERMOSA SEÑORA: MADONNA LISA
Después de su larga estadía en Milán, Leonardo regresa en el año 1500 a su natal Florencia. Volvía como un genio de la pintura después de haber pintado La Última Cena . Para entonces su fama era reconocida en toda Italia. En este periodo realiza una de las mayores obras de arte de la pintura universal: La Monna Lisa o Gioconda.
El cuadro ha estado en el ojo de la tormenta por su incomprensión y múltiples teorías respecto a quién es exactamente la mujer que allí se retrata. Desde luego, El Código Da Vinci también da su propia interpretación respecto a la identidad de Monna Lisa. Según Dan Brown, este cuadro refleja un ser mitad hombre y mitad mujer (andrógino) y, además es, en parte, un autorretrato de Leonardo. Igualmente dice que Monna Lisa es un anagrama de los nombres de las deidades egipcias de la fertilidad: Amon (varón) e Isis (mujer). El cuadro, pues, sería el portador de un mensaje anticristiano.
Ya sabemos que el espíritu moderno de Leonardo hace de él un hombre práctico y experimental, por lo cual tiene un talante poco propicio a vincularse con sectas o religiones mistéricas. Así lo ve Amy Welborn quien opina que cualquier relación entre los nombres de dioses egipcios y Leonardo y su pintura es inmediatamente descartada. Leonardo no ponía nombre a sus cuadros, por lo tanto no pudo haber comunicado un mensaje religioso oculto con un nombre que él jamás atribuyó a la pintura que ahora conocemos como Monna Lisa. Aproximadamente tres décadas después de la muerte de Leonardo, Giorgio Vasari, su primer biógrafo, identificó el trabajo como Monna Lisa.
Pero, ¿quién era exactamente esa mujer? Más de un autor coincide en que era la joven esposa de Francesco del Giocondo y que era conocida como Madonna Lisa. Para abreviar se le llamó Monna Lisa o simplemente La Gioconda, por el apellido de su marido. No hay secretos en el nombre de la joven señora.
Monna Lisa acudía al estudio de Leonardo acompañada de doncellas y bufones. Para que la modelo siempre se mantuviera en la misma postura, el pintor organizaba conciertos de música mientras trabajaba en el cuadro. Leonardo realizó esta pintura en un periodo de cuatro años entre 1503 y 1507.
Hoy el cuadro se conserva en el Museo Louvre de París. Es una mujer vista de frente, con los cabellos sueltos, un velo en la cabeza y con el busto un tanto descubierto. Se encuentra sentada en un sillón, apoyando la mano y el brazo derecho en uno de los brazos del mueble; encima apoya la mano y el brazo izquierdo.
Giorgio Vasari, cuando describe a Monna Lisa, dice que la hermosura de la mujer se encuentra en su rostro: pestañas naturales naciendo de la carne, fosas nasales tiernas y rosadas que proceden de una nariz que pareciera que tiene vida, y una boca con las comisuras de los labios que se unen con el rojo de la boca. Más parece una obra de la naturaleza que de los colores.
Leonardo emplea aquí una novedosa técnica de pintura conocida como sfumato. Aquella consistía en un manejo de luz y sombra donde los colores se presentan borrosos y suavizados para fundir una obra con otra. En la Monna Lisa , vemos que Leonardo ha empleado los recursos del sfumato con deliberación extrema. Todo aquel que ha tratado de dibujar un rostro sabe que su expresión reside principalmente en dos rasgos: las comisuras de los labios y las puntas de los ojos. Precisamente son esas partes las que Leonardo dejó deliberadamente en lo incierto. Por eso nunca llegaremos a saber con certeza cómo nos mira Monna Lisa.
Se cree que Leonardo ha pintado rasgos masculinos en el cuadro; así, pues, se dice que las manos de Monna Lisa no corresponden a las de una mujer delicada y noble, y que, por el contrario, son demasiado toscas para ser femeninas. En Leonardo, los rasgos de la persona amada podían estar presentes en los cuadros: se presume que las manos de la Gioconda sean toscas porque refieren a Catalina, su madre, una campesina que labraba la tierra.
El cuadro de La Gioconda abrió un nuevo episodio en la pintura de Leonardo. La obra era original y rápidamente fue admirada por los discípulos del pintor; lo que más sorprendía a todos fue su enigmática mirada y sonrisa. Pero el cuadro de la hermosa mujer de Francesco de Giocondo no es el único con esos rasgos. Obras posteriores, como san Juan del Louvre y la pintura de Santa Ana tienen aquella mirada que se ha bautizado como leonardesca.
6. MUERTE DE UN CRISTIANO
Después de su estadía en Florencia, Leonardo recorre distintas ciudades de Italia, hasta que en 1517 acepta la invitación del rey Francisco I y se traslada a Francia donde fue colmado de honores y lo nombraron primer pintor, arquitecto e ingeniero del reino. En este país cae enfermo y pasa sus últimos días.
Decir que dentro de las principales preocupaciones de Leonardo Da Vinci no se encontraba la religión, no quiere decir que haya sido irreligioso. Cuando la muerte le rondaba, a causa de una parálisis, con gran esmero quiso informarse de las cuestiones católicas y de la buena y santa religión cristiana. En su lecho de muerte recibió el sacramento de la confesión. A pesar de que no podía sostenerse en pie, salió fuera de su cama para recibir el Santísimo Sacramento.
Antes de morir ordena ser sepultado en la iglesia San Florentino d’Amboise, donde quiere que se celebren grandes misas con diáconos. Tales disposiciones son de un buen creyente; pero también es razonable suponer que luego de haber dedicado su vida al arte, no le dedicara mucho tiempo a la religión, y que, próximo a su muerte, quisiera reparar tal descuido con llanto y con los sacramentos. Sus ojos dejan de ver la luz de este mundo el 2 de mayo de 1519 a los 67 años de edad, dejando una trascendencia humana que ha llegado hasta nuestros días.






